Primera fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz con el Santísimo Cristo del Amor

Este año la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz tiene en nuestra Parroquia de Santa Eulalia de Vilapicina una significación nueva. Celebramos, por primera vez, a nuestro santo Cristo con el título del “Santísimo Cristo del Amor”. Es la Cruz que nos invita a la acción de gracias y a la adoración: por el madero de la Cruz nos vino la salvación; en ella ha muerto, por nosotros, el Hijo de Dios, misterio de amor infinito, misterio que acogemos en la fe, postrados en humilde oración. Exaltar la Cruz quiere decir exaltar el amor de Dios por nosotros, es exaltar la victoria del amor y de la misericordia sobre el pecado, satanás y la muerte.

El Hijo Único de Dios ama a los hombres con un amor divino, sin límites. La razón de que Dios actúe de esta manera, exaltando a Jesús en la Cruz, es su amor por nosotros: un amor generoso, constante y universal. El objeto de ese amor, su extensión, es el mundo entero, la humanidad y cada uno de nosotros. En la Cruz se nos revelan las entrañas más profundas del amor de Dios: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó su Unigénito para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”.

Tanto amó Dios al mundo. Es lo que queremos contemplar al rezar y besar esta imagen de nuestro Cristo. Cuando miramos la santa Cruz, cuando contemplamos al Crucificado, se renueva la palabra del Señor: “cuando sea elevado (es decir, cuando sea crucificado), atraeré a todos hacia mí”.

Muchos de nuestros vecinos rechazan la cruz y no quieren ser identificados con ella; la Cruz les causa vergüenza y escándalo. Sigue actual aquel reproche pronunciado el viernes santo en el Calvario por un ladrón: “Salvó a otros y no puede salvarse a sí mismo”. La Cruz sigue siendo ignorada, burlada, ridiculizada y retirada del espacio público. Algunos la quisieran aniquilada para siempre. Mientras esto ocurre, nosotros estamos aquí pidiendo las tres gracias que canta el Himno y que son descritas en la Plegaria al Cristo del Amor. 

La primera gracia: “con mis pies clavados, no me apartaré de Ti”. Donde tenga algún tipo de sufrimiento, me quedaré quieto allí con Él. No poner la excusa del dolor o de la incomodidad para buscar un lugar más agradable como si fuera más digno para estar con Dios. La segunda gracia: “con mi corazón abierto, no dejaré de amar”. Ser imitador de la Cruz implica ser fuente abierta de amor para todo sediento. Tendremos muchos motivos para cerrar el corazón y dejar de amar, pero a todos esos pensamientos les diremos que no tienen derecho a alejarnos de la santa Cruz, trono de nuestro rescate y de nuestra reconciliación. La tercera gracia: “con mis ojos elevados, no me atarán mis pecados”. Es el secreto de alzar la mirada a la Santa Faz de nuestro Señor para que nada mundano, nada carnal ni diabólico nos retenga atados como esclavos.

La Iglesia nos invita hoy a levantar con orgullo la Cruz gloriosa para que el mundo vea hasta dónde ha llegado el amor del Crucificado por muchos. Cuando hagas la señal de la Cruz, procura que esté bien hecha. Ni deprisa ni contraída, sino que sea una verdadera Cruz, pausada, amplia, de la frente al pecho, del hombro izquierdo al derecho. Así nos abrazará por entero. Y al entrar en la iglesia, primero genuflexión al Sagrario para adorar a Dios; luego besar al Cristo para que un mismo sacrificio nos envuelva en cuerpo y alma, se apodere de nuestra fe, nos consagre y santifique.

Todo en este día nos invita a dar gracias a Dios porque de un árbol portador de muerte, ha surgido de nuevo la vida. Sobre este árbol, Jesús nos revela su majestad soberana, nos revela que Él es exaltado en la gloria. En verdad decimos: “venid a adorarlo”. En medio de nosotros está la Cruz donde Cristo nos ha amado hasta el extremo de darnos la vida eterna.

Acerquémonos a Él con confianza y lo demás se nos dará por añadidura. El Reino de Dios será la protección de nuestra conciencia, será el estímulo continuo para ser santos y será el envío para que, bajo el signo de la Cruz, salgamos a proclamar que Él nos rescató, que nos hizo suyos y nos liberó para desear el Paraiso. No nos des a nosotros la gloria Señor, dala a tu Nombre: ¡santísimo Cristo del Amor!

Mn. Pere Montagut Piquet