AQUELLA PRIMERA NAVIDAD

La primera Navidad tuvo lugar, ya hace unos cuantos años, en un pequeño pueblo de Palestina llamado Belén -de hecho, ya los profetas habían señalado esta ciudad miniatura como el lugar que daría a luz al Mesías, al liberador esperado. “Belén” significa la casa del pan. De allí debía venir Aquel que alimentase a la humanidad hambrienta, que trajese la felicidad a los corazones, que colmase tantos anhelos humanos. Y según cuenta la tradición allí nació Jesús, el llamado “nazareno”, porque la mayor parte de su vida la vivió en el pueblo de Nazaret, un territorio más comercial, más poblado y cercano al mar de Galilea. Aunque en realidad los orígenes de Jesús -así lo sabemos- eran “betlemitas”. Porque Jesús, rodeado de unas circunstancias extrañas y embarazosas, nació allá en Belén. Allí nació Aquel que debía ser pan de esperanza para la humanidad.

Si nació en Belén fue por un cúmulo de circunstancias inesperadas y casuales -aunque dicen que nada se escapa de la Providencia de Dios-. La familia vivía en Nazaret, cuando de repente, el Emperador de Roma, César Augusto, ordenó un censo de todo el Imperio. Este hecho repentino afectó a aquella humilde familia de Nazaret, que se vio obligada a hacer los preparativos de viaje para dirigirse al pueblo de dónde provenía José, el padre de la familia. Viaje largo de al menos tres días, contando con un embarazo ya avanzado y con los peligros propios de un camino incómodo y que ascendía hasta la ciudad de Jerusalén y sus contornos. Posiblemente José ya no tenía familiares o conocidos en Belén. Así se lanzan a la aventura, aunque siempre confiando. La dificultad y el infortunio parecen rodear a aquella familia sencilla -como a tantas otras-. Y cuando alcanzan el destino, María se pone de parto, y las circunstancias les obligan a alojarse en una cueva humilde a las afueras de Belén.

Entonces fue el censo inesperado, ahora es el Covid. Pero, ¿cómo celebraremos la Navidad? Quizás no haya tanta alegría por las calles. Quizás haya familias enteras que no podrán reunirse en sus casas. Quizás algunas familias añorarán las pérdidas de sus seres queridos. Quizás algunos tengan que estar solos en su casita. Sí, pero cuál fue el verdadero pesebre de Jesús, sino aquel establo destartalado, aquellas pajas improvisadas, aquel recinto abierto a los fríos del invierno. Y, sin embargo, en medio de aquellas circunstancias penosas, difíciles, no queridas, nació el Redentor. Y las estrellas resplandecían en el firmamento. Y los corazones de los padres ardían de amor y agradecimiento. Y los ángeles sobrevolaron veloces el cielo aquella noche. Y los pastores se despertaron en medio de sus sueños. Ojalá el mundo de hoy despierte al valor de lo pequeño, a la maravilla de la sencillez y al calor de la fraternidad, en medio de un mundo donde emergen los miedos, las desesperanzas y los sufrimientos. Porque en medio de lo difícil Alguien ha venido a hacer más fácil nuestro caminar por este mundo. Hay algo invisible que parece proteger a los mortales que luchan en este mundo. Bienvenida Navidad. ¡Feliz Navidad a todos!

                                                                                              Mn. Ignasi Fuster

                                                                                              Rector de Sta. Eulàlia