LOS TIEMPOS PRESENTES Y EL CRISTIANO

El mundo parece en llamas. Basta pensar en la situación de Colombia o en la tregua tensa entre judíos y palestinos en la tierra sagrada del Señor… Pero son tantos los males que afligen al mundo o los males que los hombres introducimos en el mundo a través de los intereses, los egoísmos, las injusticias y los atentados contra la dignidad y la vida humana. Alguien podría pensar que Dios parece ausente en estos tiempos presentes        –que son los tiempos de siempre-. ¿Qué nos enseña Dios en estos tiempos? ¿Estará realmente ausente, o alejado, o mirando hacia otro sitio? ¿Cuál debe ser la misión del cristiano en este mundo en llamas, a veces hasta infernal? 

La vida litúrgica no está lejos de nuestra existencia y de los tiempos que vivimos. Hemos celebrado la Ascensión del Señor, que culmina tota la vida de Jesús sobre la tierra. Cuando los apóstoles sobre la cima del monte, vieron al Señor que subía al Cielo y desaparecía entre las nubes, eran conscientes que se trataba de la última despedida. Ya no volverían a ver al Señor en el mundo (hasta la segunda Venida que Él mismo anunció al final de los tiempos). Era el inicio de una ausencia… Acompañada de la presencia de Cristo a través del Espíritu que se ha derramado de nuevo sobre el mundo en este Pentecostés, para continuar realizando las maravillas de Dios. El cristiano mantiene la fe en el misterio invisible de la Santísima Trinidad: un Dios que es tres personas y que está en el principio del mundo y de la vida de cada alma. Su amor todo lo preside. Y mientras tanto, la Iglesia vive del Santísimo Cuerpo del Señor, pues Dios ha querido abandonar el palacio del Cielo para habitar en la casita del Sagrario, y asegurarnos así su divina compañía.

La ausencia del Señor está acompañada de su Presencia en todos los Sagrarios del mundo y en todos los corazones de los creyentes. Es verdad que es una Presencia suave, invisible y silenciosa, pero no por esto menos real y verdadera. El cristiano experimenta su presencia día a día. Y está llamado, frente a la aparente ausencia de Dios (y el Diablo que trata de descorazonar a los hombres mostrando los infiernos, como si la historia fuera una broma cruel sin sentido), a hacer presente a Dios en el mundo. Ésta es nuestra gran misión: cuando hallan en nosotros una mirada de optimismo, cuando mantenemos los gestos de amor, cuando vivimos con espíritu de servicio sabiendo olvidarnos de nosotros mismos. Ser testigos de una Presencia que acontece verdaderamente en la vida de las personas.    

Mn. Ignasi, vuestro párroco