Sacerdos in aeternum, Sacerdote para siempre

El domingo 31 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad y, como reza el calendario litúrgico habitual, fiesta de la Visitación de Nuestra Señora, será ordenado sacerdote nuestro diácono Mn. Eduard Mata en la basílica de la Sagrada Familia. Para toda la Parroquia de Santa Eulalia de Vilapicina es un día de júbilo ya que, después de acompañar durante tres años su proceso de formación, ahora asistiremos a su Ordenación como presbítero. Tendremos también ocasión de celebrar su primera misa el viernes 5 de junio.

Nuestra alegría es también la alegría de la Archidiócesis de Barcelona, de su presbiterio en especial y la de nuestro Cardenal Juan José en particular. Mn. Eduard culmina un proceso vocacional sellado por la generosidad, la constancia y la disponibilidad. En su día fue generoso para encauzar su vida según los designios de Dios secundando la inquietud sembrada por el Espíritu Santo que lo atraía hacia la consagración propia del sacerdote secular al servicio de la Iglesia vinculado al servicio apostólico del Obispo y a sus parroquias. Los años del Seminario han sido el camino providencial establecido por la Iglesia madre para asegurar que el discernimiento vocacional, con todos sus componentes, se realice en espíritu y en verdad. Y la tarea ha sido posible gracias a la vida fraterna entre los llamados al sacerdocio, por el deseo de adentrarse en la vida espiritual propia del Sacramento del Orden, así como por los estudios filosóficos y teológicos al compás de las diversas experiencias pastorales.

Ver nacer un sacerdote de Cristo en el seno de la Iglesia aumenta la confianza de todo el Pueblo santo de Dios en la promesa del Señor: “Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Por cada sacerdote naciente sabemos que el poder del infierno no podrá derrotar la obra de Dios ni malherir a su Esposa. Las manos ungidas del presbítero nos hablan de la mano todopoderosa del Resucitado de la que nadie nos podrá arrancar. Por el ministerio ordenado sabemos que el don de Dios nos acompañará de forma segura en la enseñanza eclesial de la Palabra de Dios, en la celebración de los Sacramentos y en el gobierno de las comunidades.

Se alumbra pues, en nuestra oración personal y comunitaria, una gran confianza. Mn. Eduard junto a sus compañeros Mn. Toni y Mn Joan serán signos personales de la esperanza de la gloria que nos envuelve a todos como postrados en un nuevo Tabor. Sabemos bien que la falta de sacerdotes empobrece a las personas y a los territorios en los que el Pueblo de Dios no puede familiarizarse con la presencia y acción del Resucitado.

Pero hay algo más grave todavía. Por la ausencia de sacerdotes el cuerpo sacramental no se reconoce en su cabeza visible, la Iglesia ya no se sostiene por una comunión eucarística real, las almas heridas carecen del bálsamo del perdón, a muchos les faltará el fiel consejero del espíritu y tantos sufrientes esperaran en vano la unción consoladora que devuelve la salud corporal y espiritual.

Por todo ello, damos gracias. Y pedimos que sean muchos más los que atiendan a la llamada insistente del buen Pastor a seguirle como instrumentos privilegiados capaces de alumbrar, convertir, sanar y salvar en su Nombre. “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” (Lc 1,43). Estamos seguros de que este mismo asombro embargará estos días el corazón de Mn. Eduard. Tendrá a la Santísima Trinidad sellando cada uno de sus pasos sacerdotales; la visitación de la Santísima Virgen sucederá en todas sus alegrías y penas; y, por la dicha de poder acompañar al Santo Padre -el Papa León XIV- en su visita apostólica, aprenderá del sucesor de Pedro que la profesión de fe y la fidelidad a la misión están por encima de nuestras debilidades. Finalmente, santa Eulalia, nuestra patrona, le enseñará a identificar el sacerdocio ministerial como un verdadero martirio en el que la inocencia y la pureza ofrecidas en el altar rescatan -una y otra vez- de la muerte espiritual y eterna. Vivamos, pues, estos días agradecidos, con profunda fe y devoción a la santa Madre Iglesia.

Vuestro párroco en Cristo,

Mn. Pere Montagut Piquet.