DIME SAN JOSÉ

Cuando va finalizando el año de San José (el día de la Inmaculada), tuvimos en Santa Eulalia una charla sobre la figura misteriosa (muy real, pero quizás poco conocida) sobre San José, el esposo de la Virgen y padre -ejerció la paternidad- de Jesús, el Redentor. La charla era la presentación de un libro que fue publicado en Francia y ahora ha sido publicado en España bajo el título “Mi secreto”. De hecho, el original francés lo titula “Dime San José”. Así he querido titular este eco de la charla que nos dio el sacerdote Marc Baillot, y que nos ayudó a conmovernos con la santidad del Santo Patriarca.

¿Qué nos dices, José? Un primer aspecto de la vida de José fue su vocación inmersa en el Misterio de la Santísima Trinidad. José fue el reflejo del Padre del Cielo para Jesús y la Virgen. De tal manera que nos presentó a la Sagrada Familia como la Trinidad de la Tierra, que es camino para que nos dirijamos a la Trinidad del Cielo. José experimentó en su esposa (llena del Espíritu Santo) y su hijo (el Hijo), la cercanía del Dios Trinitario.

Un segundo aspecto fue la perfección de su trabajo artesanal y su maestrazgo sobre Jesús. Si pudiésemos contemplar una silla, un yugo o una mesa, trabajadas por José y Jesús, veríamos un trabajo bello ofrecido con perfección y cariño al Padre del Cielo.

Luego hay un aspecto que marca a José: él nos enseña a aprender que la verdadera libertad no está en la rebelión contra Dios y los mandamientos, sino todo lo contrario, en la obediencia profunda a la belleza de la voz de Dios, aunque ésta se nos presente bajo la apariencia del misterio o la contradicción.

Finalmente destacó su humildad, pasando oculto entre los hombres de su tiempo. Casi no se sabe nada, ni se guardó palabra alguna, pero José jugó un papel clave en la gran Historia de la Salvación.

Dinos, José, cuál es tu secreto. El padre Baillot nos descubrió que José aprendió, que más que él ser padre y maestro de Jesús -aunque había sido elegido para esta misión-, el secreto de su vida (y de todo hombre), consiste en comprender que estamos llamados a identificarnos con el Señor, tal como José observaba en la vida cotidiana del niño, así como nosotros conocemos a través de los relatos de los evangelios (y la inspiración que nos brinda el Espíritu Santo).

Jesús trató de imitar los ejemplos virtuosos de su padre, pero José aprendió algo más profundo: a identificarse con aquel adolescente de 12 años, que cuando alcanza la mayoría de edad, revela que debe cumplir la voluntad de su Padre… San Pablo insistirá tanto en ser “otro Cristo, el mismo Cristo”, recomendándonos tener los mismos sentimientos que Jesucristo. Acabamos pidiendo a José que nos descubra “los secretos” que descubrió en la intimidad del hogar de Nazaret. – Dime, San José. 

Mn. Ignasi, vuestro párroco