LA BELLEZA DE LO CREADO

Quizás el verano y las vacaciones nos recuerdan un poco la maravilla de nuestra Tierra. La visión cristiana del mundo afirma una verdad muy bella: el mundo ha sido fruto del designio amoroso de parte de Dios, y un regalo especial dedicado al ser humano. Aunque haya podido darse una evolución de la materia física a lo largo del tiempo, reconocemos que el origen primero es el corazón de Dios Padre, que ha querido libremente crearlo todo, darle un origen, que empiece a existir. Como los padres rodean a los hijos que vienen al mundo de todo lo necesario para vivir, Dios ha querido rodear al ser humano del mundo para que pueda gozar de sus maravillas, y así crecer espiritualmente.

Por esto la Iglesia alza la voz para que los hombres tengan cuidado de la creación. De hecho, tal cuidado brota del reconocimiento agradecido de que el mundo lo hemos recibido gratuitamente y que no hemos construido con nuestras propias manos -aunque lo vayamos transformando para hacerlo más habitable-. Un mundo que debemos cuidar para que proporcione satisfacción a tantas generaciones de seres humanos en el futuro. ‘Contemplar lo creado’ es la primera experiencia del gozo, de la belleza, del don, y de que hay una verdad y un fin en todas las cosas -sobre todo en el ser humano-. Parece como si todo en la vida tuviese un sentido, aunque sea misterioso y un poco escondido…

Decía aquel monje que el mundo era como un pañuelo que Dios había dejado caer dejando inscritas sus iniciales. El otro día una persona me comentaba cómo podía contemplar desde su balcón de la ciudad de Barcelona, el sol que nace portentoso en el horizonte, la luna que se pasea suavemente durante la noche, las gaviotas con su tamaño majestuoso, las nubes que trazan dibujos espectaculares. Hay una mística de la creación que inspira actitudes tan humanas como la contemplación , la admiración , la sorpresa , la gratitud . En realidad, quien siente respeto ante el mundo, y se preocupa de agradecerlo y no ensuciarlo, también se hace capaz de sentir respeto por las personas, valorar a todos y convivir con aquellos que quizás no piensan como nosotros. Ser capaces de reconocer la dignidad que hallamos en todo ser. Y desde esta humildad nos hacemos capaces de vislumbrar el corazón tierno y poderoso de Dios. La existencia humana es una escala hacia Dios, un tiempo para llegar a reconocer a Dios, una espera paciente y perseverante para encontrarle.

                                                                                  Mn. Ignasi Fuster

Vuestro párroco