EL MISTERIO DEL NACIMIENTO

Celebramos el misterio de la Navidad, el misterio del nacimiento en la carne del Hijo de Dios. En los ojos de aquel niño desvalido brilla la vida eterna, el horizonte de eternidad, la esperanza invencible del mundo. El otro día veía un pesebre enmarcado en los restos de una casa en ruinas. ¿Qué es el mundo sino una casa en ruinas donde el mal del pecado parece deshacer el encanto de un mundo nacido de las manos de Dios? Sí, he ahí al Redentor del mundo -el anhelado Mesías que esperamos-. Aquel que ha venido a reconstruir los corazones rotos y destrozados, los corazones temerosos y amenazados, los corazones tristes y desesperados.

Jesús ha venido al mundo para que vuelva a brillar la vida frente a la muerte. En los ojos pequeños y brillantes -a veces entelados por los llantos del niño naciente-, brilla de nuevo el misterio de la vida de cada ser humano: una vida que ha sido llamada a la existencia (el misterio de la Creación) y llamada a ser redimida (el misterio de la Salvación). El mensaje del Evangelio nos recuerda el valor infinito de cada vida humana, ya sea que viva en una casa donde se cuela el frío, ya sea que el sufrimiento haga mella en su cuerpo, ya sea que se esté acercando al final de la vida y casi no pueda moverse o pronunciar palabra. Belén, con la música de fondo de ángeles y pastores, es un cántico nuevo a la vida humana, creada y redimida por Dios y su infinito amor.

Muchos hombres y mujeres de buena voluntad caminamos alegres hacia el Pesebre. También nos hemos entristecido cuando se dictan en nuestro tiempo leyes contrarias a la vida -ideadas en los palacios de Herodes-. ¡Pero la cueva de Belén, aunque decadente y vieja, alberga la Vida! ¡Es el canto a la vida y a la esperanza de una vida que merece ser vivida, aunque sea en medio del dolor y la impotencia! El misterio de Navidad parece susurrarnos: – ama la vida, defiende la vida, cuida la vida. La vida, para tantos, se hace ardua y costosa (los que se asoman al establo de Belén bien lo saben). Pero pidamos que la luz del Niño de Belén regale una estrella de esperanza y una luz de sentido a los hombres y mujeres de hoy. Y al ser humano, que quizás desespera y palpita bajo la sombra del dolor, que le podamos susurrar al oído: te amamos y nos hacemos capaces de amarte, porque tu vida lo vale. Feligreses de Santa Eulalia: ¡Volvamos juntos al Pesebre! ¡Felices y dulces días de Navidad! ¡Que no nos falte la bella esperanza! ¡Cantemos el cántico nuevo de la Vida!

                                                        Mn. Ignasi Fuster, vuestro párroco