Damos gracias al Señor por habernos permitido celebrar el esplendor de la Navidad en esta casa santa. El presbiterio, donde el Sagrario preside y custodia la presencia del Señor, la imagen del Niño Jesús ha resplandecido como signo de la Encarnación. Esta imagen, contemplada en silencio, ha renovado en nosotros la luz de la esperanza.
La visión del templo dignamente ornamentado ha revelado la belleza de un pueblo reunido ante Dios.



de renovación de nuestros corazones.
Y el pesebre del atrio, en el punto de acogida, ha sido signo de la hospitalidad divina que nos precede.

Que la gracia de esta Navidad permanezca en nuestra comunidad y la guíe hacia la paz y la santidad.
